El relato que sigue, continuación del anterior, nos relata Antonio Silva la historia de un atleta de Santiponce, perteneciente también al club deportivo de la localidad que pudo llegar a ser un gran atleta y no lo consiguió por diversas circunstancias. Aunque no se trate de un ciclista, merece la pena conocer su  historia. Al igual que en los capítulos anteriores se puede acceder al texto original. Lo encontrarán en este enlace.

Entre todo aquel conjunto de jóvenes con gran entusiasmo por el deporte en nuestro pueblo salieron buenos deportistas, pues nos presentamos con nuestros equipos en pruebas duras, en las cuales nuestro club y nuestros corredores era la primera vez que participaban. Antes de participar en estas pruebas atléticas, fueron organizadas entre nosotros carreras de entrenamiento, en las que participaba un amplio grupo de nuestros mejores entusiastas. Cuando tuvimos un buen equipo nos presentamos como club a participar en Sevilla en la carrera de campeonato a la vuelta a la capital, carrera que organizaba el periódico La Unión, dispuestos a completar con los mejores equipos y con los mejores corredores de estos equipos, como el Real Betis Balompié y el Sevilla F.C., en los cuales se hallaban los mejores atletas de la capital entre ellos Villalba y un tal “Ciempiés”, apodo por el que lo conocíamos, el cual era el campeón de la provincia.
Esta prueba, que consistía en darle la vuelta a la ciudad, total 18 kilómetros, en la que había que echarle coraje para cuando menos clasificarse en un buen puesto, como club, como equipo, siendo como éramos neófitos en esta clase de pruebas.
He de recordar que el entusiasmo era mucho más grande que la preparación y conocimientos atléticos, con corredores veteranos y duchos en estas pruebas. Alrededor de aquella carrera que todos los años se celebraba, había un gran entusiasmo por todos los clubes y mucho más porque en ella se daban muchísimos premios, pues podían recibir premios buenos desde el primer puesto hasta el puesto 20, premios de menor valía desde el puesto 20 al 50, pues esto atraía a muchos jóvenes menos entusiastas del atletismo sólo por alcanzar un premio bueno.
Antonio SilvaRecuerdo que nos presentamos ante la imprenta en donde se tiraba el periódico La Unión, lugar desde donde partiría la carrera, en un camión adornado con banderas del club con pancartas, lo que llamó la atención de los reporteros y de todos los allí concentrados. Los fotógrafos sacaron fotos al vernos en el plan de fiesta que llegamos, pues nunca desde que se daba esta prueba, nunca vieron éstos, los reporteros, este entusiasmo, y eso nuevo que llevábamos nosotros. Un reportero deportivo del periódico nos hizo una interviú de cómo veíamos nosotros aquella carrera y qué opinábamos de nuestro equipo. Nosotros contestamos que éramos neófitos y que queríamos comprobar con esta carrera nuestras facultades como equipo y como club y vamos a procurar no quedar mal.
En esta prueba participaban unas 150 personas de unos 20 clubes de barriadas, fábricas, empresas y pueblos. Los había que participaban individualmente.
Empezó la carrera y a los trescientos metros de la salida me veo a dos de nuestro equipo que iban en cabeza, algo más retrasados a dos más, los que habían logrado salir del grueso de los corredores. Éstos continuaron en cabeza todo el tiempo, lo que nos animaba y los animábamos, pues en todo el recorrido teníamos puestos a paisanos en bicicletas que ayudaban a animarlos en esta dura prueba.
A los dos kilómetros de la salida nuestro corredor José Rodríguez Fernández marchaba ya despegado del grupo de cabeza siguiéndole un grupo de los corredores mejores del Betis y del Sevilla, en dicho grupo marchaban el hermano de José Rodríguez, Manolo, y dos más de nuestro equipo. Nosotros temíamos que Rodríguez se cansara, pues había hecho el despegue muy pronto, quedándole más de 10 kilómetros por delante. Uno de nuestros corredores quiso unirse a Rodríguez y hizo un esfuerzo escapándose del grupo de cabeza sin lograr alcanzar a Rodríguez manteniéndose todo el camino en el segundo puesto, siendo alcanzado cuando faltaba para la meta un kilómetro. Rodríguez continuaba bastante despegado, entrando el primero con más de kilómetro y medio de despegue. El segundo fue “Ciempiés”, del Betis, tercero Antonio J. Muñoz, el cuarto Villalba del Sevilla, quinto y sexto de nuestro club, Manolo y Pekín, noveno y décimo, Eugenio Muñoz y José María Castillo Álvarez, también de nuestro club. En total, de los 10 primeros puestos, seis fueros de nuestro equipo, los que nos daba el triunfo completo de la carrera, como primer puesto y como equipo, pues todos nuestros corredores se clasificaron del 1 al 20.
Estaba visto, la sensación que causó esta victoria en todos los medios deportivos, especialmente en los equipos del Betis y del Sevilla, de donde nos llovían las felicitaciones, las cuales se vio más tarde que estos iban a ver si podían arrancarnos de nuestro club a los mejores de nuestros corredores, pues nos hicieron miles de propuestas e invitaciones.
Este pugilato duró unos años, pues al año siguiente nos presentamos de nuevo dispuestos a no perder y demostrar que si el Sevilla y el Betis tienen buenos corredores, los de Santiponce también tienen corredores firmes que no se venden por una entrada libre al campo en los partidos de fútbol, pues por ese método quisieron comprarlo, tanto el Sevilla como el Betis, en donde fuimos invitados más de una vez, pues el entrenador del Sevilla, uno conocido por “El Chino”, llegó a invitarme para que yo influyera en Rodríguez, para que se decidiera a fichar en el Sevilla, pues he de decir que yo figuraba como entrenador de José Rodríguez. Pobre de mi que desconocía las normas más elementales que debe conocer un entrenador. Pues mi ayuda a éste con mis torpes conocimientos en el atletismo consistía en acompañarlo en los entrenamientos, en los cuales entre los dos buscábamos las distancias, alargándolas cada día, marcando el tiempo en el recorrido. Estos fueron todos mis conocimientos como entrenador de un corredor atlético que pudo ser una gran figura internacional.
Llegó el día de la prueba y de nuevo nos presentamos en el periódico La Unión con mucha más fuerza, con mucha más experiencia y preparación; llegando esta vez con dos camiones con nuestros entusiastas, con los camiones adornados con nuestras banderas, en donde de nuevo llamamos la atención entre los equipos allí reunidos, ya que éramos los campeones de aquella prueba y que íbamos a defenderla y no dejar arrebatarnos aquel trofeo. De nuevo se hicieron fotos, preguntas y promesas por nuestra parte de defendernos en esta prueba dura.
El recorrido esta vez era distinto, el que pasaba por el centro de la capital, pasando por el parque de María Luisa, cogiendo el paseo de las Palmeras hasta el estadio nuevo, teniendo que pasar los corredores por campos, huertas, obstáculos, lugares que habían sido escogidos por la Federación Atlética para escoger en la clasificación general un equipo que mandaría a Asturias para participar en una carrera nacional.
Nosotros pusimos en todo el recorrido a camaradas para animar a nuestros corredores. Esta vez ese día por la mañana a la salida estaba lloviendo, no gran cosa, pero que era una molestia, especialmente en algunos trozos del recorrido.
Cuando pasaban los corredores por el centro de la ciudad, y como era de esperar, nuestros corredores marchaban en el grupo de cabeza. Un hincha de nuestro pueblo, algo brutote, se encontraba en una de las calles céntricas cuando éstos pasaban. Este hincha, que estaba con su sombrero de ala ancha y con un paraguas abierto, corría por la acera de la calle dando voces y alentando a nuestros corredores, cagándose en Dios y en todos los mandamientos habidos y por haber diciendo: “me cago en Dios, como pierdas no vengas al pueblo”. Este simpático hecho de ayuda moral, fue muy comentado en la prensa, pues fue publicado todo un amplio reportaje con caricatura de Martínez de León, en el que puso mucho gusto al explicar las brutalidades que se le ocurrían a aquel entusiasta de nuestro club de nuestro pueblo, Santiponce.
Cuando el grupo de cabeza llegó al parque de María Luisa nuestro campeón marchaba sólo a bastante distancia de sus seguidores, entrando en el estadio con más de kilómetro y medio de despegue. Esta vez no pudimos lograr que ganáramos el primer puesto como equipo, pues el Sevilla y el Betis pusieron mucho interés en ganar por equipos, ya que sabían que el primer puesto era para nosotros. La clasificación de nuestro equipo no fue mala, pues seguimos fuertes, ya que nos clasificamos en segundo lugar.
Estaba visto que tanto para el Sevilla y el Betis era una vergüenza que un equipo “de catetos”, como nos llamaban, les conquistara esos puestos que durante muchos años ellos se venían conquistando uno al otro.
Después de esta prueba, José Rodríguez fue invitado por la Federación Atlética Andaluza para que participara en la prueba nacional que se celebraba en Asturias, en la que se planteaba a Rodríguez el tener que entrenar con zapatillas con púas, con las cuales él nunca había corrido. Fueron organizadas pruebas entre los mejores clasificados para la preparación del equipo, pues éstos tenían que enfrentarse con corredores nacionales como Ollalvide, Cepeda y otros, los cuales tenían el campeón de España.
Marcharos nuestros corredores andaluces para Asturias en donde entre ellos iban Villalba, el Ciempiés, Rodríguez y otros. Nosotros fuimos a despedirlos a la estación. Cuando los despedimos ocurrió un incidente con Ciempiés, pues éste, que era muy fanfarrón, hablando con uno de su club, el Betis, le decía: “vais a ver a Rodríguez, esta vez me lo cargo en Asturias”. Uno de nuestros hinchas, de nuestro pueblo, que oía esta conversación no pudo aguantarse y acercándose a ciempiés le dice: “mira tú, al lado de Rodríguez no eres ciempiés, eres una hormiga, eres un cangrejo, que en vez de ir para adelante vas hacia atrás. Tuvimos que intervenir, pues se ponía el asunto mal y eso no era bueno, ya que ellos corrían por la Federación andaluza y no por equipos de sus clubes.
Rodríguez marchaba algo temeroso, pues nos decía: “voy a notar vuestra compañía allá, pero voy a cumplir, sólo temo a estas incómodas zapatillas de púas”.
En el pueblo, en el club, en las peñas recreativas, se hacían los comentarios más variados sobre esta carrera. Los había que estaban dispuestos a marchar a Asturias para presenciarla, pero entre esos mozos de entusiastas jóvenes no había un que tuviera dos perras gordas para costearse un viaje como ese. Los hubo que quisieron hacer política con este deporte insinuando estar dispuesto a dar sus camiones para que nos llevaran hasta Asturias, cosa que no cuajó, como ya digo, porque esto eran sólo proposiciones para conquistar simpatías entre los jóvenes con miras a acciones políticas en el pueblo. Este Señor fue José Romero Velásquez, fuerte industrial de nuestro pueblo que por aquellos años contaba en el pueblo con mucha simpatía, en general. Murió como gran fascista.
La carrera en Asturias tuvo lugar en condiciones muy pésimas, pues los obstáculos fueron muchos para nuestro corredor con un terreno poco conocido, en el cual había llovido mucho. En estas condiciones tuvo que correr Rodríguez clasificándose en tercer lugar, con el agravante de haberse salido del itinerario, teniendo que regresar al verdadero, pues Rodríguez fue toda la carrera en cabeza y con despegue. A dos kilómetros de meta se le sale una zapatilla, optando por tirar las dos, haciendo el recorrido de dos kilómetros descalzo, en donde fue alcanzado por Cepeda y Ollalvide, los cales a la entrada del estadio lo despegaron, entrando el tercero con los pies chorreando en sangre, sacándoles entre los dos corredores una distancia de 10 metros, por lo que ganaron la prueba.
La Federación Andaluza protestó, pero la Federación Nacional otorgó losa premios y puestos tal como fueron clasificados, rconociendo ésta y todos los reporteros deportivos que la carrera pertenecía a Rodríguez, reconocimiento que manifestó Cepeda y Ollalvide, los cuales fueron honrados al manifestarlo.
Nuestro Ciempiés no se portó mal, pues entró entre los 20 primeros puestos.
Cuando regresaron nuestros corredores, en un encuentro que tuvimos con el entrenador del Sevilla, que era al mismo tiempo el de la Federación Andaluza (el Chino), nos decía: “Rodríguez se encuentra en condiciones físicas para competir con los mejores atletas del mundo, sólo que le falta una gran preparación deportiva, atlética, que él no conoce, que él no tiene”.
Rodríguez fue designado para participar en Italia en un campeonato mundial, en el que no pudo participar por haberse hecho un trauma en una pierna en los entrenamientos. Esto y la decepción de la carrera de Asturias, con los consejos en su casa y en toda la familia, hicieron que perdiera el entusiasmo para seguir. Consecuente con estas cualidades propias que él físicamente disponía, con las cuales puedo haber sido una gran figura mundial en el atletismo.
Moscú 18 de Junio de 1960.

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